Crítica de Toy Story 3, por Migeru.
Tras unas semanas sin ir al cine, regrese recientemente a las salas para disfrutar de una buena cinta, en esta ocasión toca una de animación porque al igual que el verano pasado, la siempre eficaz Pixar Studios estrenó un nuevo título, Toy Story 3.

La verdad es que la película ha estado a la altura de las últimas y magistrales cintas de Pixar pese a ser la tercera entrega de una saga veterana. La película nos sitúa once años después de la segunda, Andy ha crecido y se prepara para irse a la universidad de manera que los juguetes ven con cierta incertidumbre su futuro, ya solamente quedan principales de la pandilla y se preparan para ser relegados al desván donde esperarán ansiosos a que los hijos de Andy u otros niños jueguen con ellos. Pero Andy decide llevarse consigo a su favorito, el sheriff Woody.

Un fatídico despiste del joven provoca que su madre regale los juguetes a una guardería cercana a modo de donación, un lugar que parece ser el sueño de todo juguete y en el cual parecen estar felices y perdurar para siempre. Lo que no se esperaban es encontrarse con unos juguetes veteranos que poseen una completa e intrincada red mafiosa que hace la vida la vida imposible a los juguetes que llegan nuevos. A partir de aquí la misión de Buzz y sus compañeros es escapar de la guardería y regresar de nuevo a la casa de Andy, pero no será fácil; un enorme muñeco de bebe, un oso malvado y una serie de peculiares juguetes se encargarán de poner las cosas difíciles.

































